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planchando la camisa

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Quisiera compartir con vosotr@s uno de los motivos que me han llevado a darle a este proyecto su característico enfoque, ese juego pretendido, inevitable y consciente a un mismo tiempo, ese ir y venir constante entre cocina y arquitectura, entre ambas artes, entre ambos oficios, entre ambas escuelas; un encuentro afortunado que confío no dejará de sorprendernos.

Trataremos de aportar soluciones que contribuyan a cubrir dos cuestiones tan esenciales para el bienestar del ser humano como son alimento y cobijo y viceversa, cobijo y alimento.

Abordaremos la construcción de este espacio desde el respeto por el trabajo hacia l@s mayores, desde la curiosidad, desde el querer aprender divirtiéndose, desde el querer madurar y seguir creciendo, desde la admiración y el amor que profesamos hacia ell@s.

No es la primera vez que busco entre mi buzón para recuperar este fragmento de aquel e-mail y, como ya hiciera en alguna otra ocasión, lo rescataré de nuevo para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, empezando por cuestiones tan sensibles como el reparto (compartir) de las tareas del hogar; en nuestro caso, como recurso pedagógico para el reconocimiento mutuo del trabajo de la “otra” mitad de la pareja, entendiendo que esta puede ser una buena vía para inculcar a l@s pequeños y no tan pequeños, esos valores que, como ciudadan@s del siglo XXI, cabe esperar de cualquiera de nosotr@s.

Durante mi última estancia en Inglaterra, hace ya un tiempo, estuve trabajando como camarero. Un día se me ocurrío  escribir un mail a un compañero arqui-terro (chema) en el que además de otras tantas c@sas le contaba esto:

Diario de un arquiterro…

(…) Mientras plancho la camisa imagino que estoy trabajando con la talocha, dando las ultimas pasadas al revoque, refinándolo, intentando dejarlo liso, sin arrugas, arrastrando los pliegues hasta el borde acantilado de la tabla de planchar, intentando hacer desaparecer las imperfecciones y las propias marcas que; – sin pretenderlo -, a veces, dejo sobre su piel, entre pasada y pasada, siguiendo el rumbo que la propia punta de la plancha me indica, como si de un vetusto astrolabio se tratara…

Con los puños de la camisa sucede lo mismo que con las esquinas y los puntos más inaccesibles del revoco; del paño de pared. Ambos requieren una aproximacion más pausada, diferente, una mirada algo mas atenta y con más oficio…

El material, noble, pura fibra de algodón, un material natural, tanto o más que la tierra que lo vio crecer…

(…) Hasta que; al fin, ahí esta, no es exactamente lo que buscabamos, pero casi…

Un plano continuo, amable a la vista, poroso; aparentemente sin arrugas…

(…) Me pasa lo mismo con los pocillos de mantequilla para untar el pan que tenemos que rellenar. La superficie ha de quedar tersa para que los clientes vean que es fresca (o al menos, que lo parezca)

; )

A la mantequilla hay que buscarle el punto justo para poder extenderla con facilidad y eso lleva un tiempo…

Dependiendo de con qué cara del cuchillo trabajo consigo una textura final u otra; más o menos rugosa, más ó menos arada, cuando encima le colocamos un sticker con el emblema del pub o, sencilla y llanamente lisa, cuando va a quedar vista…

Imagino que estoy trabajando con una de esas maravillosas herramientas japonesas, tan precisas, amables tanto para con el material como para la mano que las ase; amanibles – como dicen en mi pueblo…-, que no es mío o, al menos, no sólo mio…

; )

Todo lo que he aprendido, entre otr@s, de vuestra mano, me resulta muy útil para la vida práctica aquí

Ahora mas que nunca intentaré poner mi empeno en destacar los paralelismos y similitudes entre las labores de la casa y los diferentes trabajos que implica la construcción

Me doy cuenta de por qué resulta tan sencillo para much@s el trabajo con la tierra…

Cercanía, similitud, familiaridad, ésa es la cuestión…

(Gracias a este trabajo, a mi estancia en el extranjero) He aprendido a valorar, todavía aún más si cabe el trabajo de mis abuelas y mi madre, de la mujer en general

(Continúa…)

Y no se me ocurre otra mejor forma de luchar contra el machismo que tomar mi cuaderno de notas y compartir lo aprendido con vosotr@s a través de esta ventana al mundo y de las posibilidades que nos brindan internet y las redes sociales de trasladar experiencias y conocimiento que puedan contribuir a la construcción de una sociedad más mejor

Con cariño

rubén

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