La Real Academia de la Lengua Española define el término arcillar (concepto) como mejorar las tierras silíceas echándoles arcilla o greda (DLE, 23.ª Edición)

Para elaborar nuestros revocos, nuestros rebozados de barro, podemos recurrir al empleo de arcilla que habitualmente encontraremos presentada en dos formas: bien en terrones (del tamaño de una patata), bien en polvo, reducida a una suerte de “harina” de arcilla.

Si contamos con una arcilla en terrones, fragmentos más o menos grandes de tierra arcillosa, – más ó menos rica en arcilla -, habremos de definir nuestra estrategia de actuación, los pasos a seguir. En función del tiempo y de los recursos (técnicos, humanos, económicos) disponibles podremos optar por trabajar:

  • En seco: lo que nos obligará a una trituración, molienda y cernido (cribado) previo del material, antes de proceder a su mezcla-amasado con agua
  • En húmedo: procederemos a una trituración básica, desterronando el material y añadiéndole el agua precisa hasta que adquiera una consistencia pastosa (este proceso requerirá de bastante tiempo; dependiendo de si nos ayudamos de medios mecánicos o bien optamos por dejarlo reposar en un recipiente cerrado)

# Me voy a animar a compartir un truco con vosotr@s aquí:  para pequeñas cantidades, se puede poner la arcilla en cubos metálicos, y añadirle algo de agua hasta enrasar, hasta que cubra por completo el material, hasta que asome, dejar que borbollonee (que salgan/afloren las burbujas de aire) y cubrirlo con plástico (una bolsa y/ó film de cocina), tratando que quede hermético, conformando una suerte de “olla exprés” que, puesta al sol (por efecto invernadero), irá ganando temperatura, cogiendo grados, haciendo que el barro se torne mas pastoso, mucho más fácil de batir, amasar ó pisar (cualquiera que sea el sistema de mezclado por el que hayamos optado). Obvio, en verano, en plena ola de calor, nuestra “olla solar” ofrecerá un rendimiento óptimo.

Si contáis con una sartén vieja y fuego para calentarla, o una lata de espárragos y una lumbre, – al “estilo puchero” -, podéis hacer también el siguiente experimento: introducir esos terrones (del tamaño de un huevo) en ella, añadirle algo de agua y ponerla a hervir. Idea: observar cómo se derrite, del mismo modo que si tratase de un corte de mantequilla o de chocolate duro puesto al calor.

Rebozar… ¿con tierra? ¿con arcilla? ¿con barro?

¿Podemos emplear cualquier tipo arcilla?

De entre los muchos tipos de arcilla existentes en la Naturaleza seleccionaremos aquéllos aptos para su uso constructivo-arquitectónico, siempre que resulte posible, aquéllos sancionados por la práctica, por la experiencia.

¿Cómo?

A falta de contar con los equipos de laboratorio apropiados para llevar a cabo los ensayos pertinentes/correspondientes, recurriremos a la tradición local constructiva. La normativa española no aporta todo lo que debiera a este respecto, de ahí que l@s profesionales acudan a otras como la alemana, la francesa, la australiana o las americanas (norte, centro, sur) para refrendar sus argumentos.

In situ

Observaremos el entorno y preguntaremos a l@s mayores por el modo de hacer de antaño. En aquellos casos en los que todavía resulte posible apostaremos por el empleo de tierras extraídas de las terreras o barreras comunales, aquellas “minas” de arcilla a cielo abierto, públicas, de las que l@s vecin@s obtenían esta materia prima, ingrediente esencial de nuestra receta y de tantas otras de la arquitectura popular y también urbana que salpica nuestra geografía; entre otras, como no, las de las tapias y adobes a los que los rebozados de barro (revocos, lodados, trullados…) protegían y vestían y aún hoy, acompañan y embellecen.

Desde el punto de vista legal, en ese sentido, entiendo que nos ampara el “derecho consuetudinario, lo que en derecho ha venido llamándose “costumbre“.

A menudo estas terreras ó barreras se encuentran en las proximidades de las poblaciones, rodeadas de campos de labor y/o también puede darse el caso de que estén situadas en zonas utilizadas como basurero, escombrera o vertedero. De ahí que exponga aquí la conveniencia de extremar las precauciones en caso de optar por el empleo de estas tierras, llegando a desestimar esta opción si fuera el caso, ante la certeza y/o la duda de que su extracción pudiera suponer cualquier tipo de riesgo físico para nosotr@s. Puede que una tierra tenga una buena apariencia a la vista, pero puede también que, si se haya junto a un terreno cultivado, la tierra que nos disponemos a manipular se encuentre contaminada por fertilizantes, pudiendo resultar contraindicada tanto su manipulación como su aplicación en nuestros hogares, especialmente cuando su composición y/o su Ph pudieran llegar a dañar nuestra piel al trabajar con ella, al manipularla con las manos.

Otra posibilidad, más que recomendable, especialmente si nuestro ámbito de trabajo se circunscribe al ámbito urbano, es la de consultar a técnicos especialistas en la materia o a empresas que distribuyan y puedan asesorarnos sobre el material como, por ejemplo: alfarería, talleres de cerámica, tejerías, ladrillerías, graveras/areneras ó más cómodo (si nuestro presupuesto nos lo permite), solicitar un pedido a empresas distribuidoras del sector que elaboran sus propios productos, preparados para ser aplicados, formulados en fábrica, como por ejemplo, en el caso de España: ARQUISOLUX, EMBARRO, ECOCLAY, …

Conste que incluyo aquí estas marcas por dar a conocer estos productos como uno más dentro del mercado de la arquitectura y la construcción actuales, disponibles y accesibles a un click.

No tanto por hacer publicidad de “marca”, sino por tratarse de personas/equipos cuya trayectoria y compromiso personal y profesional he tenido ocasión de conocer a lo largo de mi breve periplo personal en el sector, dentro de este ámbito, cada vez más competitivo y con mayor demanda por parte un cliente también cada vez más informado, consciente, crítico y exigente.

Si puedes asumir los costes de envío ellos mismos te los harán llegar y te recomendarán algún aplicador en tu zona.

Te animo a buscar tu propia opción. Sigue investigando.

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Por último, añadir un apunte: El hecho que hablemos de revocos de barro (revocos de arcilla, revocos “a la arcilla”, revocos de/con tierra), se debe a que toma el nombre del material que desempeña la función aglomerante principal (aglutinante, pegamento) de la mezcla.

Así, también podremos encontrar: revocos de cemento, de cal, de yeso (en estos casos, como conglomerantes)

Al hablar de “rebozados” estamos haciendo más hincapié en la técnica en sí que en el material. Podemos emplear uno u otro indistintamente, según convenga, lo importante es ser capaces de comunicar, de COMPARTIR

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